Cine y diseño de interiores: construir espacios para ser vividos o filmados

El cine y el diseño comparten una misma esencia: ambos construyen atmósferas capaces de emocionar. La gran diferencia está en el tiempo. La arquitectura y el interiorismo permanecen. El cine, en cambio, existe en lo efímero. Todo sucede rápido: las decisiones, las transformaciones, la construcción y el desmontaje. Cada espacio nace para ser capturado por la cámara y desaparecer después del último plano. Esa condición exige precisión, intuición y oficio.

Diseñar para el cine implica trabajar con otro lenguaje. Los espacios ya no se crean únicamente para quien los habita, sino también para quien los observa a través de una lente y posteriormente a través de una pantalla. La luz, la textura, el color o la perspectiva adquieren una dimensión narrativa distinta frente a cámara.

En el cine mudo, la gestualidad y el maquillaje amplificaban la emoción. Hoy, el espacio sigue cumpliendo esa misma función: reforzar el relato, revelar tensión, construir memoria o anticipar el futuro antes incluso de que un personaje hable.

Diseño de interiores, dirección de arte y construcción de escenarios cinematográficos

Cada detalle cuenta una historia. Nuestra experiencia dentro del Departamento de Arte abarca dirección artística, diseño, planificación y construcción. Y, como ocurre en cualquier disciplina creativa, cada proyecto exige un lenguaje propio.

No es lo mismo diseñar una película de época que un universo distópico o una ficción futurista. Detrás de cada producción existe una red compleja de especialistas: coloristas, figurinistas, maquetistas, props, efectos especiales o supervisores técnicos. Y, por supuesto, también influye algo tan decisivo como el presupuesto. Aun así, el oficio permanece.

El diseñador, arquitecto, paisajista o director técnico continúa siendo quien conecta creatividad, resolución y técnica para transformar una idea en un espacio creíble. Queremos abrir una pequeña ventana a ese universo cinematográfico a través de tres proyectos en los que hemos colaborado.

Atolladero: retrofuturismo en el desierto

Con un discurso distópico situado en el México del año 2050, Atolladero —dirigida por Oscar Aibar— exploraba una estética áspera, surrealista y profundamente influenciada por el cómic. El paisaje de las Bardenas Reales de Navarra se convirtió en un escenario casi profético: desierto, calor y decadencia como anticipación visual de un futuro extremo. Entre los elementos más memorables convivían un Cadillac descapotable arrastrado por caballos, un predicador errante y la presencia magnética de Iggy Pop en mitad de la nada.

La hacienda y la gasolinera

Uno de los escenarios principales fue una hacienda mexicana con una gasolinera Texaco detenida en el tiempo del neón. Arcadas, sky envejecido, polvo y desierto construían una atmósfera entre western y ciencia ficción. Desde el punto de vista técnico, el proyecto fue un ejercicio de resolución rápida y creatividad material.

Utilizamos cajones prefabricados de taller y poliuretano expandido proyectado in situ para construir fachadas volumétricas con acabados rugosos y patinados que, frente a cámara, adquirían una enorme potencia visual. En cine, muchas veces no importa tanto la permanencia como la capacidad de generar verdad durante unos segundos.

El coche de policía

El vehículo policial fue otro de los grandes protagonistas del film. Durante dos meses, dos personas trabajaron exclusivamente en su interior para dotarlo de una tecnología imaginaria, retro y extrañamente bizarra. El resultado era imperfecto, exagerado y absolutamente cinematográfico.

VAMPIRE ACADEMY: CONSTRUIR UNA SOCIEDAD IMAGINARIA.

Vampire Academy nos trasladó a una producción internacional de gran escala, donde el lenguaje contemporáneo convivía con una sociedad ficticia de estética aristocrática y ceremonial. En este tipo de proyectos, el reto no es únicamente el resultado final. También lo es la capacidad de coordinar enormes equipos técnicos, absorber cambios constantes y responder con rapidez a las necesidades de una producción viva y cambiante.

Hollywood funciona así: se rueda una cantidad inmensa de material para decidir después qué historias continuarán creciendo y cuáles desaparecerán. Pero incluso cuando el resultado final cambia, el proceso sigue teniendo un valor extraordinario. Reunir a más de 400 profesionales en Olite, Navarra, durante casi un año supuso una experiencia técnica y humana difícil de olvidar.

Nuestro productor jefe, Jose Luis Escolar, especializado en grandes producciones internacionales, lideró un despliegue complejo junto a Llorenç Miquel como Line Producer. Por nuestra parte, Genís Solé trabajó en el departamento de Diseño y Jordi Canora en la Supervisión de Arte.

El decorado principal

El gran set exterior se construyó sobre un antiguo recinto ajardinado perteneciente a la congregación franciscana. En un espacio equivalente a varios campos de fútbol diseñamos y construimos un Colegio Mayor completo: arquitectura, iluminación, urbanismo y paisajismo integrados en un único universo visual. Posteriormente, los espacios interiores se transformaron en habitaciones, salas ceremoniales, instalaciones deportivas y distintos escenarios recurrentes de la serie.

El Nido: construir para desaparecer

En El Nido, dirigida por Hugo Stuven, colaboramos junto a Ana Alvargonzález en la construcción del set principal: una cabaña aislada en la montaña. Nuestro trabajo se centró en la dirección técnica y construcción exterior, mientras el interior se desarrollaba posteriormente en plató.

El encargo consistía en levantar dos construcciones de madera en un entorno natural cercano a Barcelona, deteriorarlas artificialmente, integrarlas visualmente en el bosque y, finalmente, prepararlas para ser destruidas frente a cámara. Todo debía parecer antiguo, húmedo y abandonado. Trabajamos con un equipo equipado con motosierras, cuerdas, cinceles y herramientas manuales para construir en apenas tres semanas un resultado completamente verosímil.

La madera tiene algo profundamente cinematográfico. Es ligera, rápida, flexible y emocional. Permite levantar estructuras con enorme velocidad y transformarlas visualmente con pocos recursos.

Lo que el cine nos enseña sobre el diseño

El cine tiene precisamente eso: a veces requiere tecnología compleja y planificación milimétrica; otras, basta con herramientas simples, intuición y oficio para crear algo creíble. Porque, al final, igual que en el diseño, lo importante no es únicamente lo que se construye. Es lo que consigue hacer sentir.

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